Blanca es Blanca y su circunstancia

El proceso legal que se inicia para adjudicar la organización de los espectáculos taurinos en Blanca debe cumplir con la burocracia pertinente y, por lo tanto, la actuación pública es lícita
Antonio José Candel

El culebrón ha comenzado. La pugna por la adjudicación de la próxima feria taurina de Blanca –tarde y mal— ha iniciado sus trámites legales. La publicación en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM) de la convocatoria de licitación para organizar los festejos taurinos del próximo ciclo de novilladas del municipio, deja en la objetividad de un proceso público y abierto la elección del nombre del próximo empresario en el que el Consistorio blanqueño confiará la confección de su feria del mes de agosto.

Esta convocatoria vuelve a dejar en un vacío incomprensible la continuidad de la Feria Taurina “Villa del Toro”, recuperada el pasado mes de marzo tras permanecer en suspenso dos años por sentencia del exalcalde socialista Pedro Luis Molina. Esta recuperación fue posible gracias a la apuesta franca y sincera de Antonio Soler por Blanca. Por Blanca y por la organización de una feria que, por esfuerzo, solvencia y buen hacer, merece. El empresario de Villanueva ya lo adelantó en los micrófonos de EsRadio Región de Murcia la pasada semana: “Concurriré al concurso”. Hoy, apenas una semana después, el escenario podría haberse transformado.

Pero la publicación del pliego no es la noticia. El proceso legal que se inicia para adjudicar la organización de los espectáculos taurinos en Blanca debe cumplir con la burocracia pertinente y, por lo tanto, la actuación pública es lícita. Lícita y necesaria como garantía de transparencia política. La noticia, sin embargo, es la pasmosa inexactitud con la que el nuevo equipo de gobierno municipal ha resuelto esta circunstancia. Una circunstancia que no ha hecho más que aumentar en desatinos por la acción (o inacción) de algunas personas que, a pesar de estar totalmente desacreditadas, se han dedicado a abordar teléfonos de empresarios que –estupefactos— veían como se les ‘invitaba’ a apostar sin fundamento por una feria que debía estar concedida desde el pasado mes de marzo.

Pensar que la feria taurina de Blanca pueda acercarse a las características de otros ciclos como el de Calasparra es una insensatez. Una prejuiciosa holgazanería. Blanca, con su encierro y sus novilladas a las siete y cuarto de la tarde ‘agostina’, destella la tradición incorruptible de una fiesta; de un rito arraigado a los blanqueños –y blanqueñas que diría Pedro Sánchez— por el paso de los años. “Blanca es Blanca y su circunstancia”, con permiso de José Ortega y Gasset.

Ahora, el calendario –que nos invita a respirar ya las primeras horas de junio— no apremia y las prisas pueden volver a jugarle una mala pasada a la fiesta de los toros en el municipio del Valle de Ricote. Pensar en el aficionado y en la integridad de una fiesta sin trampa ni cartón debe ser el objetivo de ese empresario que los puntos objetivos del concurso acrediten como idóneo para abanderar la Feria Taurina de Blanca 2017.

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