Mucho gallo para poco corral

Exigente novillada del Conde de la Maza con tres importantes ejemplares. Tibo García y El Adoureño empatan a una oreja y André Lagravére 'El Galo' escucha los tres avisos
Antonio José Candel / Fotos: Toromedia

Lo sucedido durante el cuarto festejo de la XXVIII edición de la Feria Taurina del Arroz no hace más que reflejar la pobre situación que vive nuestra novillería. El número de festejos para los que mañana alzarán el estandarte de la afición se ha reducido drásticamente y su puesta a punto está hoy más difícil que nunca. Pertenece al pasado el tiempo en el que el neófito sumaba en las plazas de menor envergadura y exigencia esos trofeos necesarios para despertar el interés en el aficionado y, a la postre, en el empresario. Ir a Madrid o a las ferias de novilladas de postín era el premio a todo ese periplo. Hoy todo ese periodo de ensoñación ha revertido la situación dramáticamente: los chavales, justos de preparación pero desbordantes de ilusión, pisan plazas y adquieren responsabilidades que pueden pasar factura. ¡Ánimo, toreros!

Se desplazó con largura en el capote de Tibo García el primer ejemplar del Conde de la Maza. ‘Avellanoso’ sufrió una lidia nefasta después de firmar dos fuertes encuentros en el peto del caballo montado por Juan Manuel Sangüesa. La remarcada condición mansa del animal embruteció todo el quehacer del espada francés, que pudo dejar algún muletazo suelto por el pitón derecho. En cuarto lugar tuvo mejor fortuna y sorteó a ‘Limpiosito’, que aunque quiso rajarse después de la primera vara, destapó un buen pitón derecho. Las acometidas del burel revistieron mucha emoción. Su transmisión, unida a la ligazón y la disposición de su lidiador, despertaron a La Caverina. El estoconazo corroboró el trofeo.
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Le costó horrores a El Adoureño sujetar de salida a su primer oponente. Excesivo y con saña fue el castigo en caballo. ‘Limpidante’ sollozaba por un mando y una firmeza que su matador no pudo adjudicarle. Su entrega por el pitón diestro era escandalosa cuando el joven hacía el amago de someterlo. La exigencia del novillo fue máxima. También la desesperación de Yannis. La espada se le atragantó y escuchó un aviso. Con el quinto pudimos ver una versión más asentada de El Adoureño. Su picador, Francisco J. Elena, se encargó de ilusionar a la parroquia calasparreña con un fenomenal tercio de varas, de una ejecución perfecta. La profundidad, el ritmo, la duración, la fuerza y la emoción en el viaje de ‘Limpio’ reverdecieron la casta del Conde. Su maza de bravura; contundente. Y El Adoureño, en una faena de más a menos, supo sacar partido de sus magníficas y exigentes cualidades. Un toro muy importante. La estocada entera convalidó la oreja y la posterior vuelta al ruedo que compartió con Francisco J. Elena.
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En tercer lugar actuó –en sustitución del lesionado García Navarrete— André Lagravére 'El Galo', que puso más voluntad que acierto en todo lo que hizo. Y ese no es un mal comienzo para un novillero. El precioso lucero que hizo tercero le apretó en el saludo capotero pero 'El Galo' supo ganarle el terreno. Banderilleó dos pares muy reunidos en un tercio que alargó en exceso. ‘Jardinoso’ pronto cantó la gallina y, aquerenciado, no se lo puso fácil al espada. Se atragantó con los aceros y escuchó los tres avisos. Con ‘Bigotito’, sexto del festejo, sufrió la misma desesperación en banderillas: de bonita y lucida ejecución pero en un tercio largo e inoportuno que a estos toros no les hacen ningún bien. El francés justificó su presencia en el ciclo muleteando con cierto lucimiento al de la divisa roja y negra. Mató bien y dio la vuelta al ruedo.
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- Ficha del festejo:

Plaza de Toros de ‘La Caverina’. Cuarta de feria. Más de media entrada. Novillos de Conde de la Maza, bien presentados; de gran juego los lidiados en segundo, cuarto y quinto lugar.

Tibo García: silencio y oreja.
Yannis Djenibla ‘El Adoureño’: silencio tras aviso y oreja.
André Lagravére 'El Galo': ovación con saludos después de escuhar los tres avisos y ser devuelto su novillo y vuelta al ruedo.

Ha destacado el picador Francisco J. Elena, de la cuadrilla de El Adoureño, que ha sido aplaudido en el quinto tras colocar una gran vara arrancándose el astado desde el centro del anillo.

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