David Fernández: matador de toros por obra y gracia de Ponce

El torero de Cehegín consigue pasear dos orejas y sale en hombros por la puerta grande del coso que le vio crecer junto a Enrique Ponce y ‘El Fandi’
Antonio José Candel

No resultó del todo una combinación que se suponía ideal para volver a celebrar el Día de la Región en el coso de Cehegín. La alternativa de un hijo de la tierra y la comparecencia de dos figuras del toreo como Enrique Ponce y David Fandila ‘El Fandi’ no fue atractivo suficiente para arrastrar hasta el coso ceheginero a algo más de la mitad de su aforo. Quien si estuvo, entre otras personalidades de la política y del mundo del arte, fue el consejero de Presidencia y Fomento, Pedro Rivera, que pocos minutos antes del paseíllo invitaba con energía a la unión en torno a la celebración del II Congreso Internacional de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural, que se celebrará en Murcia el próximo mes de octubre.
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David Fernández recibió al toro de su alternativa con un farol de rodillas que encontró continuidad con media docena de verónicas. Lo condujo con gusto al caballo que montaba Antonio Coloma, que le infligió un excesivo castigo al negro de Guadalmena. Llegó el momento: uno de los más emotivos de su vida. Ponce le cedió los trastos y lo bautizó como nuevo matador de toros para después brindarle la muerte de su primer toro a su familia. “Un toro para lucirse”, me decía Pablo Molina, director de EsRadio Región de Murcia. Y la verdad es que David consiguió tomarle el pulso y la medida al pitón derecho de ‘Pocobulo’, que se venía a la muleta con fijeza y entrega. Siempre obediente a los toques. Dos series por el pitón izquierdo, la última menos vistosa, terminaron por descorchar una faena completa e interesante. La estocada –caída y algo trasera, que necesitó del uso del verduguillo— enfrió quizás los ánimos de los tendidos que pidieron con timidez la concesión de una oreja merecida.

Para cuando la tarde ya anunciaba su fin, David se marchó a la puerta del miedo, a esperar ‘a porta gayola’ al último toro de la tarde. Rodillas a tierra y el sardo de Albarreal arroyó con temperamento el engaño del torero. Después, un farol de rodillas y una larga cambiada para completar el saludo que había sido más resolutivo que vistoso. Le costó al nuevo matador imprimir emoción a las tandas por el pitón derecho de ‘Lavado’ porque soltaba la cara al final de cada muletaz. Sin clase y sin entregarse lo más mínimo. Se dejó llegar los pitones a la taleguilla; se desarmó para el desplante final antes de cambiar la espada. No había más. El toro no acompañó la voluntad de David en la suerte suprema. Mató de algo más de media tras pinchar.
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Enrique Ponce tuvo que empezar a cuidar desde muy temprano al segundo de la tarde, con el hierro de Albarreal. Muy justo de presentación y de fuerzas, perdía las manos continuamente. El tercio de varas, un simulacro. No sangró absolutamente nada. El nuevo torero ceheginero le devolvió los trastos al maestro de Chiva tras un breve parlamento. Después, Ponce brindó al público. El inicio de muleta estuvo marcado por esa carencia de cualidades del cornúpeta. Unas carencias que incluso superaron a la habilidad de curandero de Ponce. Alargó en exceso el suplicio. Mató de casi entera caída. Descabelló, eso sí, con el poso del catedrático.

Tras la merienda se recuperó el orden de lidia natural del festejo y Ponce tuvo que vérselas con un ‘Madamito’ vacío y sin clase que, en las manos del valenciano, terminó por tocar el acordeón. Los naturales, sin bajar lo más mínimo el palillo, surgieron de uno en uno. Muleta más poderosa y mandona no las hay. La gente, claro, se rompió con él. Porfió y diseñó su particular faena de cadencia exquisita. Mató de estocada entera. Dos orejas.
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Acometió con genio el primero de David Fandila ‘El Fandi’en el recibo capotero. Llevó por chicuelinas al paso a ‘Trebolito’ a los dominios de José Manuel González Cruz para después proseguir la lidia con otro quite lucido por chicuelinas. En banderillas: solvente y carismático. Brindó al público una faena que el de Granada comenzó de rodillas al hilo de las tablas. Derrochó bravura, movilidad y clase el de Guadalmena. Extraordinario por el derecho. Fandila lo lució más por ahí. Cuando quiso exprimir el pitón zurdo volvió a destapar unas extraordinarias embestidas. “¡Qué dulce!”, me agarraba mi compañero de tendido. Tres molinetes de rodillas, un cambio de mano y un largo pase de pecho para cuadrar al bueno de ‘Trebolito’. Después, una estocada casi perfecta.

‘El Fandi’ volvió a demostrar su gran capacidad capotera ante el quinto de la tarde. Vistoso el quite por ‘navarras’ después de otro tercio de varas inexistente. Después, la enésima consagración de su habilidad como rehiletero. Cuatro pares colocó antes de coger los trastos de matador. El colorado ojo perdiz se desplazó por el pitón derecho. Obedeció a los toques, aunque le faltó fuerza y empuje. El diestro supo darle la dosis precisa de tiempo entre tanda y tanda a este ‘Vinagrero’. La estocada, trasera, necesitó del uso del verduguillo. ‘El Fandi’ se había llevado el lote.
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- Ficha del festejo:

Plaza de Toros de Cehegín. Algo mas de media entrada. Toros de Guadalmena y Albarreal (2º y 6º). Primero: noble y con calidad, aplaudido en el arrastre. Segundo: descastado y muy justo de presentación, pitado en el arrastre. Tercero: bravo y con gran emoción, premiado con la vuelta al ruedo. Cuarto: flojo y descastado. Quinto: bravo y pronto; con gran clase. Sexto: noble, pero sin fijeza ni transmisión.

Enrique Ponce: oreja y dos orejas.
David Fandila ‘El Fandi’: dos orejas y rabo tras aviso y dos orejas tras aviso.
David Fernández, que tomaba la alternativa: oreja tras aviso y oreja.

Saludaron tras parear al sexto Carlos Pacheco y Francisco Javier Rodríguez.

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En Crónicas

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