Un congreso sin alma

Las conclusiones del II Congreso Internacional de Tauromaquia y el ‘caso Talavante’, temas en el editorial de esta semana en EsRadio Región de Murcia
Antonio José Candel / Imagen portada: Comunicación @CITauromaquia_

La decepción, queridos oyentes, se consumó. El II Congreso Internacional de Tauromaquia no cumplió con el papel que se le auguraba. Ni autocrítica, ni propuestas, ni ideas renovadoras, ni medidas encaminadas a revertir la situación contrariada que –reconozcámoslo– mantiene en vilo los planes de futuro de la Fiesta.

Unos planes que, si los hay, quedaron al lóbrego margen para simplemente asumir como principales titulares de la cita que los toros son el tercer espectáculo cultural tras los museos y los conciertos. O que, por ejemplo, el perfil cultural del espectador taurino estaría más interesado por otras temáticas de nuestra cultura que otros ciudadanos que no asisten a los toros. Hasta aquí; ¿alguna novedad? Claro que no.

¿Por qué? Pues porque las estadísticas del Ministerio de Cultura ya gozan de nuestra ‘aprobación cortés’ a final de cada temporada sin necesidad de exponerlas como ansiada panacea en un congreso sin alma y sin el apoyo unánime de un sector taurino dividido y sin una influencia clara.

A pesar de que el nuevo ministro de Cultura, José Guirao, ha intentado respetar la programación de un Congreso organizado por el ejecutivo anterior, no ha dejado duda de su exiguo enfoque en relación con la Tauromaquia consecuencia directa de la desnortada hoja de ruta del presidente ‘Falconetti’. En fin, otra oportunidad perdida a pesar del esfuerzo y del trabajo del Gobierno regional.

Y cambiamos de tema para volver a hablar de Talavante. Un caso que, como ya decíamos aquí la pasada semana, seguirá coleando durante todo el invierno. El último rescoldo: un artículo firmado en El Mundo por Javier Negre y en el que expone al torero extremeño como “víctima del empresario, ganadero y apoderado salmantino Toño Matilla, un Maquiavelo que se maneja mejor en las sombras”.

Pues bien, este trabajo solo viene a refrendar lo que muchos –de manera totalmente libre y respetable– piensan de lo que realmente supone el adiós del diestro harto de la vorágine del sistema. Ser el triunfador máximo en Madrid y no aparecer después en plazas como Logroño, Bilbao, San Sebastián, Almería, Pamplona, Huelva, Valladolid, Salamanca o El Puerto de Santa María deja bastante claro el panorama. Históricamente, hagamos memoria, triunfar en la primera plaza de toros del mundo –además de dar nuevos contratos– siempre ha incrementado el caché del torero. Hoy es otra historia.

La supremacía taurómaca es indestructible. No habrá, por tanto, Congreso Internacional de Tauromaquia capaz de desenmascararla.
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