La realidad de las ferias de novilladas


Son muchos los que piensan -aficionados incluidos- que la subvención económica que ofrecen los Ayuntamientos de los municipios antes mencionados garantiza un éxito seguro en las cuentas. Esa no es la realidad
Jesús Cano Melgarejo

Durante varios años tuve la suerte de poder estar muy cerca de quienes en su día cargaron sobre sus espaldas el difícil compromiso de organizar las ferias de novilladas de Calasparra y Blanca. Esta experiencia me dejó un mensaje muy claro: sin público en la plaza nadie se salva del fracaso.

Son muchos los que piensan -aficionados incluidos- que la subvención económica que ofrecen los Ayuntamientos de los municipios antes mencionados garantiza un éxito seguro en las cuentas. Esa no es la realidad.

Si los aficionados no responden llenando el aforo de plaza, el empresario lo tendrá muy crudo para poder hacer frente a los pagos. Aquí no existen fórmulas mágicas que den resultados milagrosos. El esfuerzo realizado por Mario Hidalgo en Blanca y Pedro Pérez ‘Chicote’ en Calasparra debería ser respaldado por cuántos dicen ser aficionados de pago.

Que Dios reparta suerte.

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